sábado, 27 de marzo de 2010

• EL RECLAMO DEL COLIBRÍ



Dejaste que el sueño te invadiera
como un río metiéndose en tus venas.
El sueño del silencio, el de la noche larga.
Y al despertar te fuiste con el sueño.

Vamos a enterrar lo que olvidaste:
tu rostro sin llanto ni sonrisas,
tus manos sin fuerza ni ternura,
tus pies sin pasos,
tus ojos hacia adentro,
tu boca sin hambre,
el frío que te cubre como un velo invisible,
el dolor que ya no sientes y nos dejas.

Pasaremos por aquí sin verte.
Nos sentaremos en tu silla.
Dormiremos en tu cama.

Ven por las noches a conversar en sueños
para hacernos sentir que no te has ido.

Las alas del colibrí que alimentaste
te mencionan, te reclaman:
en el viento estará tu nombre escrito
siempre nunca, nunca siempre.


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*Escrito en la muerte de mi padre. Después un cementerio en Oaxaca decidió grabarlo en una piedra en uno de los jardines.

Y aquí leo este poema y hablo un poco de él.

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